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Feb. 11, 2021

Para los que desde hace tiempo venimos advirtiendo los constantes ataques a la Constitución por parte del poder político de turno, nos resulta casi risible el altisonante editorial de “La Nación” publicado hoy. Es obvio que no podía esperarse otra cosa del panfleto de Llorente, con su acostumbrada doble moral, sino que corriese raudo al auxilio del inquilino que ellos mismos impulsaron hacia Zapote, como lo habría hecho su ancestro “La Información” al servicio incondicional de la dictadura de los Tinoco.

Haciendo eco de una campaña orquestada para convertir al acorralado Mandatario en una “víctima” de sus “buenas intenciones” y exaltarlo como si fuera la personificación de la institucionalidad (la misma de la que antes se burlaba entre alusiones fecales), los propagandistas—perdón, editorialistas—se rasgan las vestiduras como si el llamado a comparecer ante una Comisión Investigadora equivaliese a un golpe de Estado. Asombroso, y casi risible, considerando el silencio de “La Nación” cuando sus amiguitos de la preescolar presidencial hacían travesuras mucho más graves.

No hubo editorial de “La Nación” en agosto de 2019, cuando el Presidente violentó abiertamente el artículo 9 de la Constitución al exigir de forma pública la renuncia a un diputado (de su propio partido, nada menos). Y eso, que la división de poderes se estudia desde la escuela.

Guardó silencio editorial este medio cuando, en febrero de 2019, el Gobierno pretendió restringirle al Congreso la potestad de legislar, planteando que no se pudiera introducir mociones a los proyectos de ley que vinieran del Poder Ejecutivo, aunque hubiese que violentar los artículos 9, 105 y 121 de la Constitución.

Silencio total en Llorente en diciembre de 2019, cuando el Poder Ejecutivo emitió un decreto que alteraba el contenido esencial de una norma de rango legal, lesionando los artículos 9 y 37 de la Constitución, y comprometiendo la protección al derecho a la vida (artículo 21). Las impugnaciones van y vienen ante la Sala Constitucional, pero la risita burlona de Zapote parece tener su espejo al otro lado de la capital.

Siguió callada “La Nación” mientras el Poder Ejecutivo decretaba lo que en la práctica era una suspensión de garantías constitucionales—incluyendo el libre tránsito, la libre reunión, el libre comercio y la libertad de culto, entre muchas otras—sin pasar por la Asamblea Legislativa, ni respetar el plazo máximo de vigencia de este tipo de medidas drásticas, ni mucho menos rendir un informe de sus resultados, todo lo cual se ordena en el artículo 121 inciso 7 de la Constitución. Le pusieron otro nombre, pero por sus efectos fue una suspensión de garantías, basada en una “interpretación” sin sustento doctrinal ni jurisprudencial, como bien señaló la Comisión de Derecho Constitucional del Colegio de Abogados. Y todo ello, cohonestado por una sucesión de Presidencias legislativas pusilánimes que, por cálculo o por incapacidad, no han sabido ni querido hacer respetar sus propias prerrogativas constitucionales.

Ni siquiera pestañeó Llorente cuando, a fines de julio e inicios de agosto de 2020, la Fuerza Pública anunció que interceptaría a quienes intentaran ingresar a Cartago, incluso a pie, bajo amenaza de “órdenes sanitarias” que resultaban ser penas solapadas. Y no, en una República el fin no justifica los medios.

Y por supuesto, tampoco hubo editorial de “La Nación” cuando se emitió el infame decreto de la UPAD, lesivo para el derecho a la intimidad de los costarricenses—y enmarcado en un turbio contexto internacional en esta materia que incluso ha impulsado a las Naciones Unidas a establecer una Relatoría Especial sobre el Derecho a la Privacidad para combatir los abusos por parte de Estados y empresas privadas—. Más bien, fue otro medio, CR Hoy, el que dio la primera voz de alarma, y Carlos Alvarado tuvo que derogarlo en cuanto fue descubierto y denunciado. La crisis política iniciada hace un año motivó la renuncia del entonces Ministro de la Presidencia, la jefatura de Despacho del propio Presidente y cinco funcionarios más, así como los vergonzosos allanamientos a Casa Presidencial y otras dependencias, y la confirmación de la existencia del mismo “troll center” que en estos días anda tan activo nuevamente—suponemos que en “teletrabajo”—injuriando oponentes, acosando páginas Web, y confundiendo a la opinión pública. Pero de esto, claro está, nada comenta “La Nación”.

Ni chistó tampoco “La Nación” cuando el Presidente quiso interferir en la potestad del artículo 121 inciso 2 de la Constitución, que le otorga de forma exclusiva a la Asamblea Legislativa el poder de elegir el lugar de las sesiones de sus órganos: una potestad que no está limitada por ninguna costumbre o la comodidad de ningún personaje ajeno a dicho poder.

 

¡Pero ahora sí aparece el editorial! Y no cualquier editorial: uno que repite, sin muchos matices, la misma partitura de disparates jurídicos con los que los peones políticos del Presidente han querido posar como “víctimas” de una despiadada persecución. Uno que denuncia que, ahora sí, hay una “ruptura del orden constitucional”. ¿Sería que antes no la hubo? ¿Sería que el inocente y angelical Poder Ejecutivo nunca violentó la Constitución? ¿O será que se busca un pretexto altisonante para terminar de anular al Poder Legislativo, ahora que por fin se acordaron algunos de sus miembros de las prerrogativas que les corresponden como representación legítima de la ciudadanía?

Si al fin el boletín oficial del Gobierno PAC va a admitir que el orden constitucional ha sido triturado durante este periodo, habría sido mucho más honesto que reconociera también quiénes y desde dónde han producido esa ruptura. La descomposición política y social de una República no se produce en un solo acto, ni en un solo día.

Robert F. Beers

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Jan. 27, 2021

En la escena culminante de la célebre película “La Lista de Schindler”, el protagonista, lejos de regodearse en su heroísmo y pedir aplausos, acaba desconsolado y lamentando a voces no haber agotado todas sus posibilidades de salvar una vida más.

¡Qué actitud tan diferente vemos en nuestros días! Hoy vemos a la clase dirigente festejando un fracaso tras otro, y demandando pleitesía por sus “logros”, que básicamente consisten en tener los peores resultados en décadas. Nos exigen celebrar las cenizas, y agradecerles que “no nos fue peor”.

Lo vimos hace meses, cuando el índice de desempleo saltó del 12% (un máximo histórico hasta ese momento) al 24% (el doble), bajo la acción combinada de una economía en contracción y una serie de medidas opresivas desde el Poder Ejecutivo. Lo vimos de nuevo cuando el porcentaje de pobreza se disparó cinco puntos porcentuales en menos de seis meses, y cuando se supo que 324 mil de nuestros niños y jóvenes habían quedado excluidos de nuestro centralista y arcaico modelo educativo público por falta de conexión a Internet. No hubo la menor contrición ni lamento, ni autocrítica ni “mea culpa”. Al contrario, los ecos nefastos del “manejo heroico” resuenan ahora en el “agradezcan que no les fue peor”.

Y ahora lo volvimos a oír cuando se divulgó la esperada noticia del déficit fiscal de 8,1% (no sin antes cambiar el año base del cálculo para que no se viera alto). Ni una palabra sobre el hecho de tener el peor registro en al menos cuatro décadas, ni sobre el hecho de que los economistas consideran un déficit superior al 6% como “insostenible”. Tampoco mencionar la drástica caída de los ingresos del Estado—agudizada por su represión de la actividad económica en general—ni la rotunda negativa de Casa Presidencial a considerar siquiera una disminución de algún tipo en el gasto, incluyendo las intrigas del anterior Ministro de la Presidencia para evitar recortes presupuestarios. Ninguna referencia a lo denunciado por el ex Ministro de Hacienda como “seguir la parranda” pidiéndole fiado al FMI. ¿Cuál fue la reacción? Otra vez la misma: celebrar las cenizas y repetirnos que deberíamos estar agradecidísimos, venerando al actual Presidente y considerando seriamente cancelar las elecciones del 2022 para que nos gobiernen eternamente porque de lo contrario “estaríamos peor”.

El narcisismo y el conformismo, una vez más, nos juegan una mala pasada desde el “gobierno estudiantil” de Zapote. Allí donde un auténtico estadista tendría el bienestar de su pueblo en el corazón, doliéndose de cada boca ciudadana sin alimento o de cada emprendimiento que fracasa, vemos en cambio un sujeto vanidoso que ni siquiera asoma su cara ante la prensa—esa misma prensa servil que lo promovió sin ningún pudor en tiempo electoral—y que, enfrentado con una realidad cada vez más desoladora, no hace más que poner a sus voceros de alquiler a repetirnos lo maravillosos que son él y su gobierno. Empeñados en hacernos creer que su “universo cinematográfico” es real y que nosotros somos los chiflados por no verlo, se turnan para exigirnos más sacrificios, más impuestos (ahora dicen que tener casa propia es un lujo), y más aplausos.

En fin, Alvarado y su séquito van de mal en peor, engañando y siendo engañados. Era absurdo esperar algo distinto, y lo advertimos desde un principio, aunque tanto nos duela hoy haber tenido razón. Pero a pesar del gran esfuerzo que hacen (y harán) por aturdirnos, la realidad está delante de nuestras vistas, con tal contundencia, que sólo se dejará engañar el que quiere.

Robert F. Beers

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Dec. 21, 2020

Si hubiera que describir gráficamente lo que ha sido este remedo de Gobierno, podríamos decir que no pasa de ser una versión del infantil juego de las "Sillas Musicales", donde los participantes se pasan bailando en un gran jolgorio y cambiando de silla... salvo que a veces, parece que más bien sobran sillas.

Después de negarla por unas 12 horas, el Gobierno tuvo que confirmar que efectivamente se iba Marcelo Prieto del Ministerio de la Presidencia. También resultaron ciertos los rumores sobre su reemplazo: Geanina Dinarte, la "Ministra multiusos" del PAC (en poco más de cinco años, la han empleado de "comodín" en las carteras de Economía, Trabajo y la Presidencia, además de jefear la asesoría legislativa de su partido, aunque su formación es en Ciencias Políticas con énfasis en Todología). Para reemplazarla en Trabajo, sería llamada la actual Viceministra de la Presidencia, Silvia Lara, habitual inquilina de puestos en gobiernos del PLN y del PAC, y a quien le tocará, entre otras lindezas, lidiar con el caos de los Bonos Proteger que hereda de su laureada antecesora.

Pero hay más: también se va Yamileth Astorga del A y A, después de una gestión enfermiza, caracterizada por todo tipo de escándalos y por haber "transformado" la institución en una máquina de extorsionar ciudadanos: nada menos que 700 mil abonados han reportado cobros tan irracionales (y acompañados de amenazas de corte) que pareciera, una vez más, que en el Gobierno nadie sabe cómo hacer una tabla de Excel o sacar un promedio.

Y ya conocíamos la huida de la frenteamplista Patricia Mora (la "primera mujer comunista en un Gabinete", dijo ella misma) del INAMU, donde dio poca gloria y mucha pena. También sabemos que, a partir de ahora, el discurso del Frente Amplio será negar que el PAC haya sido un gobierno de "izquierda". Lo que se supo hoy, sin embargo, es que a Mora la reemplazaría otra exdiputada, Marcela Guerrero, a quien para tal efecto se trajeron del IFAM (una institución que no ha generado ninguna noticia en los últimos tres años, lo que para el estándar de un Gobierno PAC es señal de pocas "tortas"). Ahora bien, ha sido ella la única en recibir una instrucción explícita de Carlos Alvarado, la de "defender los derechos de las mujeres", lo que en la neolengua de su partido significa defender a ultranza la conversión del delito de aborto en un "derecho", aunque sea mediante otro delito (el prevaricato). ¿Por qué lo sabemos? Porque al régimen poco le han importado los derechos de las mujeres al trabajo, al comercio, a la educación, al libre tránsito, a la igualdad salarial o incluso a la vida, y más bien se ha ensañado destruyendo los pequeños emprendimientos y las fuentes de empleo que, en su mayoría, son ocupadas por ellas.

En suma, lo que estamos presenciando entre hojas de tamal, fenómenos astronómicos y la famosa copa número 30 de la Liga (obtenida al cabo de siete años de tribulación), es la demostración del abandono y aislamiento político en que se encuentra el PAC desde hace rato. Le fallaron los operadores políticos del PUSC y del PLN en el Ministerio de la Presidencia, como también la afinidad ideológica con el Frente Amplio en el INAMU; y por añadidura, se avecina un año electoral donde los colaboracionistas necesitan simular que no lo fueron, y los pocos oponentes constantes no han sabido realmente convertir sus figuras en liderazgos. Tal como muchos lo vimos venir desde un principio, el PAC terminó solo y, además, aborrecido.

Lo irónico es que aún habrá que soportar que la Preescolar de Zapote, lejos de irse a vacaciones para alivio de nuestra nación, continúe su atroz Fiesta (o Caravana) de la Alegría sin ponerse de acuerdo siquiera en cuál juego desarrollar, pues el Ministro de Salud insiste en jugar "Simón dice", el Presidente en las "Sillas Musicales", y el de Hacienda en jugar "Gran Banco". Y eso, que decían que "con Costa Rica no se juega"...

Robert F. Beers

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Dec. 14, 2020

Es evidente que nuestra Costa Rica atraviesa una crisis política, económica y social sin precedentes, pero esta es sólo el síntoma de un problema mucho más profundo: una crisis moral y humana.

La desaparición física de la generación de 1940, la creadora de la hoy lejana “vía costarricense”, dejó un vacío ideológico y político que sus presuntos “herederos” no han sabido llenar. Por el contrario, esos herederos han dilapidado la herencia, descuidando la formación y la cultura política. Así han facilitado que se entronicen en nuestra República la mediocridad, la frivolidad política, la improvisación, los experimentos exóticos y la más burda manipulación de nuestros valores.

Las consecuencias están a la vista: las sufrimos todos, día a día, y golpean más a nuestros compatriotas más vulnerables, a las grandes mayorías que no pertenecen a los sectores y grupos favoritos del Gobierno de turno.

Pero no estamos condenados a seguir en esta decadencia. Podemos salir de ella, pero para eso urgen varias cosas:

Urge que las mentes preparadas y patrióticas de nuestra nación se agrupen (como se agruparon en 1889 y 1940) para acabar con la mediocridad.

Nos urge que los costarricenses estudiosos y determinados, nos aboquemos a pensar y plantear propuestas, decisiones y soluciones sensatas para terminar con la frivolidad.

Nos urge aún más un programa seguro, firme y de largo plazo, basado en el conocimiento preciso de los problemas y necesidades de nuestra Patria, para acabar con la improvisación.

Nos urge colocar a patriotas comprometidos con ese rumbo programático, en los puestos de decisión donde puedan llevarlo a cabo, y así terminar con los experimentos exóticos.

Y sobre todo, nos urge una agrupación donde todos estos patriotas unidos por Costa Rica, puedan despuntar, desarrollarse y formar equipos capaces y comprometidos, que no dejen a las futuras generaciones en la misma orfandad ideológica en que ha quedado la nuestra.

Es un gran reto el que debemos enfrentar. Pero no podemos darnos el lujo de seguir esperando. Costa Rica nos llama.

Robert F. Beers

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Oct. 25, 2020

 

"El ruido de tus acciones no me deja escuchar tus palabras".

Ralph W. Emerson

 

Lo expresado por el señor Carlos Alvarado desde las páginas de su fidelísimo periódico "La Nación", sorprende tanto por el alambicado lirismo como por la falta de sustancia y, sobre todo, por confirmar lo que algunas semanas atrás exponíamos al hablar del narcisismo político.

Inicia diciendo que, como Presidente, ha sido "muy reservado" en cuanto a sus creencias. No lo recordábamos así de "reservado" cuando se mofaba en sus blogs y novelas del catolicismo, ni cuando le dio un ataque súbito de religiosidad unos días antes de la segunda ronda electoral, una de sus tantas manipulaciones que pasó al olvido en cuanto tuvo en el bolsillo el reconocimiento del TSE como ganador. Pero lamentablemente, sí ha resultado en extremo "reservado" en cuanto a sus convicciones, objetivos y capacidad para el cargo, que a casi dos tercios de su administración siguen siendo un insondable misterio.

También lo son las supuestas "convicciones republicanas" que, de ser reales, lo habrían conducido efectivamente a comportarse como un "presidente para todos en el respeto a la pluralidad". Lamentablemente, esas palabras salen de sus labios con un irremediable sabor a cinismo, porque desde Zapote sus actos lo revelan como todo lo contrario: un feroz enemigo de los pilares de la República: el imperio de la ley, la igualdad ante la ley, y el gobierno limitado y dividido frente al principio de libertad.

En lugar de la igualdad ante la ley, tenemos las muestras cotidianas de su odioso y desvergonzado favoritismo hacia algunos sectores (o amigos) muy específicos (sobre los que se jacta apenas unas líneas más tarde). Los intocables amiguis danzan de un puesto al otro, o hasta les inventan nuevos cargos, sin importar idoneidad o cuestionamientos éticos ni judiciales. Y a los demás, nos pasan la factura entre fingidos lloriqueos, metiéndonos un impuesto tras otro, pero manipulando con la otra mano para evitar que el Estado deba bajar sus gastos. Es decir, más plata para hacer lo mismo, al decir de su propio ex Ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves. O, en buen tico, "parranda para mis amigos, impuestos para el resto". ¡Vaya "convicciones republicanas"!

Pero hay más. En lugar del imperio de la ley, tenemos un estado de "emergencia" por tiempo indefinido, garantías constitucionales dejadas sin efecto, con la UPAD perfilando a los que cometemos la barbaridad de "no estar alineados", y ahora también el peligro latente del hostigamiento tributario como represalia política (sólo para irnos imaginando lo que podrían hacer de haberse aprobado la Ley del Odio o la de Extinción de Dominio). Y en lugar de un gobierno limitado y dividido, lo tenemos hambriento de poderes y recursos, desesperado por echar una vez más sus redes sobre la ciudadanía y hacer "pesca de arrastre" financiera, desdibujando la división de poderes y las garantías constitucionales con excusas como la "emergencia" o las "peligrosísimas amenazas a la institucionalidad" (la vieja excusa de todos los totalitarios para reprimir a sus oponentes, por dóciles y mansos que sean).

Es muy revelador, eso sí, que el Presidente acepte públicamente ser un "instrumento", pero no nos dice de quién.

Ahora bien, la célebre oración de San Francisco de Asís de la que se apropia, pareciera haber sufrido una curiosa transformación, pues los resultados han sido completamente la antítesis de los pedidos por el célebre monje. Instrumento ha sido sin duda, pero no de paz, sino de contienda (aunque parece muy orgulloso de eso, a juzgar por lo que escribe). No de perdón, sino de injuria ("irresponsables", decía hace unas semanas, y en el propio artículo reduce todo a "populismo", "odio" y todas las usuales muletillas huecas del narcisismo "progre", porque ni cuando habla de unidad deja de dividir). Y no de esperanza, sino de desaliento para ese 25% de costarricenses que ya no tiene trabajo, y para el casi 30% que ahora está sumido en la pobreza.

Tampoco se le ven muchas credenciales en materia de lucha contra el "populismo", cuando un día se autoproclama el sucesor de Juanito Mora, otro anuncia un "diálogo" consigo mismo, al siguiente anuncia que quiere "ponerse de acuerdo para ver cómo ponerse de acuerdo", y el domingo publica este artículo donde, en esencia, dice haber salvado al país pre-pandemia, se jacta de su heroismo por haber dividido al país en temas culturales importados machoteramente desde otras latitudes, y vuelve a culpar de todos los males a los gobiernos de los últimos 20 años (curiosamente, el tiempo que lleva su partido de tener una amplia representación en el Congreso). Por cierto, además del populismo hay otras amenazas para la República: una es el elitismo, otra el narcisismo intelectual, otra el abuso del poder, y una más es el desprecio por el interés general. Pero la más seria es la combinación de las anteriores con una absoluta incapacidad política.

Por cierto, la recomendación de meterse "donde se bate el barro" le caería muy bien a sus propios Ministros y, mejor aún, a esos que ejercen Viceministerios ficticios a modo de TCU. Para no hablar del propio inquilino de Zapote, tan indiferente y despectivo contra los que no viven en condominios urbanos de cantones céntricos con alto nivel de desarrollo, y tan embebido en su propia autopercepción de romántico superhéroe.

Si este total destrozo económico y social, el inminente default y la parálisis política son los resultados de su pretendido "amor" por el país, algo anda muy mal con esa idea de amor... sobre todo cuando la utiliza sólo como excusa para usar luego la muletilla del "odio" y reducir todo al lenguaje emocional, incluso la superflua mención de una "toalla" con la que sólo le faltó ofrecer secarse las lágrimas. ¿Cuándo van a dejar de creer que están en una telenovela?

En vez de la "toalla", bien podría utilizar un trapo. Porque buena falta le hace, para desempolvar el verdadero significado del patriotismo, la sensatez, la institucionalidad, la Constitución y todas esas palabras que utiliza sin conocerlas. Y de paso, quitarle también el polvo y las telarañas a la ética, la seriedad, el pensamiento y el respeto, olvidados y enterrados desde hace mucho. Hay que dejarse de dramas y hacer una verdadera limpieza: una tarea en la que el trapo le será mucho más útil que la melodramática toalla, con la que sólo podría secarse el sudor causado por la congoja y la vergüenza, si las tuviera.

Ya quisiéramos nosotros, en cada rincón de Costa Rica, creer que esta vez sí va a escuchar y aplicar las buenas ideas que llevan años siéndole ofrecidas, incluso por quienes lo adversamos políticamente. Pero con semejantes credenciales, el artificioso lirismo del artículo no hace ningún favor a la ya minúscula credibilidad presidencial. Sin embargo, y dada su peculiar insistencia en declararse "republicano" por primera vez en su vida, bien podría hacérsele en estos tiempos la famosa recomendación de su ex Ministro estelar Rodolfo Piza: aplicarse una buena dosis de Listerine y lavarse muy bien la boca antes de hablar sobre la República.

Robert F. Beers

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