Lo último...

Feb. 4, 2022
Tomo prestado un título que usase el recordado periodista Guido Fernández, porque es el que ejemplifica mejor el estado de ánimo de nuestro país en este instante.
 
Con el perezoso ciclo de debates y encuestas acabado al fin, y a menos de 36 horas de que inicie el día más largo, los costarricenses se preguntan todavía (entre la incredulidad y la impaciencia) por quién votar. Ya no estamos, es evidente, ante la posibilidad de una de esas extrañas "avalanchas de la última semana" que, al menos en todas las elecciones desde 2006, encumbraban a algún aspirante improvisado (usualmente del PAC), sino que la carrera parece terminar de una forma similar a la de su arranque.
 
El supuesto "favorito" (al menos de algún sector de la prensa) sigue siendo José María Figueres. Sin embargo, su cierre de campaña no pudo ser más raquítico: en los últimos dos debates se dedicó básicamente a hacer más muecas que Mr. Bean picando cebolla. La campaña demostró lo vulnerable que es: en ningún punto de ella se levantó por encima del 17% de intención de voto con que arrancó. Para mucha gente, Figueres representa la continuidad del PAC sazonada con la corrupción del PLN. Apoya toda la agenda "progre" (su vicepresidenta fue directamente importada del PAC para estar a cargo del tema). Pretende mantener la política actual sobre pandemia, restricciones y demás familiares. Busca más control del Estado en la parte económica y educativa. Y su desempeño en los debates no pasa de recitar eslóganes y hablarle a la cámara, sin dar mayor respuesta cuando se le cuestionan los resultados económicos y fiscales de los gobierno de su partido. Sin embargo, su apuesta pareciera ser simplemente pasar a la segunda ronda (algo que sería muy superior a la eliminación directa sufrida por su partido en 2018).
 
A pesar de trastabillar un poco en el último debate, Fabricio Alvarado parece perfilarse como el otro finalista, fortalecido por un voto más fiel de lo que se esperaba, y sobre todo por los insólitos desaciertos de sus adversarios. Es cierto que está lejos de la "capacidad técnica" de Rodrigo Chaves o la "experiencia" de Figueres. Pero es el único que ha marcado una diferencia ideológica real con este último: no sólo por haberse opuesto consistentemente a la agenda "progre" y a la voracidad fiscal del PAC, sino por plantear una visión donde el Estado tendría menos injerencia en los medios de producción económica o en la libertad educativa, así como menor autoritarismo en cuanto a las libertades de comercio, reunión y culto, tan lesionadas por el actual Gobierno. Si bien otros candidatos han presentado posiciones similares, o incluso más vehementes (ej. Federico Malavassi, Natalia Díaz, Sergio Mena, Christian Rivera, Rolando Araya en algunos temas), los sondeos no dan a ninguno de ellos posibilidad de colarse, y eso podría conducir a una especie de "voto útil" que le asegure a Fabricio el puesto. O bien, ese pinchonazo de último momento en Canal 7 podría abrirle la ventana a un inquilino distinto...
 
Es casi seguro, sin embargo, que ese inquilino no será el PUSC. El caso de Lineth Saborío probablemente resulte tema de estudio sobre cómo "autodestruirse".  Si el desempeño en los primeros debates resultó catastrófico, fue más bien empeorando conforme avanzó la campaña. Sus planteamientos y respuestas resultan ambiguas, imprecisas, confusas o contradictorias hasta el grado de lo penoso; y por añadidura no se ve por ningún lado que su partido cuente con cuadros para otra cosa que para pescar diputaciones. Pasó de "meter presión" a Figueres y a Fabricio, a un lastimero derrumbe, mientras figuras de su partido expresan vergüenza y electores desilusionados se pasan a las filas de Fabricio, Rodrigo Chaves o Eli Feinzaig.
 
De José María Villalta no hay mucho que decir. Su partido (Frente Amplio) es el PAC "recargado", y empeorado por sus ya conocidos nexos con el totalitarismo de Venezuela, Nicaragua y Cuba, que el candidato se empeña tardíamente en negar porque al fin entendió que nadie quiere eso para Costa Rica. En los debates lució desequilibrado, poco elegante, muy ávido de atacar y golpear, y con un volumen bajísimo de propuestas (considerando que se jacta de atraer un voto "intelectual"). En el último encuentro, sus oponentes ni siquiera se molestaron en atacarlo, prueba de lo poco que le temen.
 
Eli Feinzaig se presenta como liberal, pero en realidad tiene más diferencias con Fabricio Alvarado que con José María Figueres (quien parece haberlo utilizado para neutralizar, según él, a Rodrigo Chaves y minar a la debilitada Lineth Saborío). En lo único que se separa de este último es en su desacuerdo con más impuestos. Sin embargo, tuvo un gran éxito a nivel publicitario: no sólo logró salir del margen de error en las encuestas, sino que además obró el milagro de hacer que Villalta se viera obsoleto y anticuado.
 
Rodrigo Chaves transmitió mucha capacidad técnica, pero matizada por un discurso de tinte populista, un dejo de autosuficiencia y un verbo brusco que hace pensar en un Ottón Solís. Favorece mucho más control del Estado en los aspectos económicos y administrativos, y es ambiguo en cuanto a las agendas progres. Su oratoria seca atrajo mucha atención, algo que sin duda contribuyó a convertirlo en la "piñata" del último debate. Y en ese papel no estuvo cómodo: estuvo cerca de "entramparse" en la "falacia del más preparado", buscó minimizar sus faltas, y devolvió golpes en todas direcciones, acaso con más rudeza de la necesaria. Sin embargo, y a la inversa de Villalta, tanto ataque parece ser un indicio del temor de sus adversarios a un buen cierre.
 
¿Y qué hace aquí Welmer Ramos? Había que mencionarlo porque lo invitaron a un par de debates, con la patética excusa de ser el "candidato del gobierno"; pero allí hizo su mejor esfuerzo por terminar de enterrar al PAC (al punto de que posiblemente no obtenga ni siquiera un diputado). Con una insincera pose de "progresismo", sumado al desastroso desempeño de Carlos Alvarado en un cargo que le quedó inmenso, y a la acusación que le planteó a este último el Ministerio Público por los aparentes delitos del caso UPAD, no cabe duda de que el resultado del PAC este domingo será un impecable reflejo de lo que ha sido su gobierno: un vergonzoso e irremediable fracaso.
 

Robert F. Beers

Jan. 16, 2022

Un debate político (si así podemos llamar al torneo relámpago de canchas abiertas transmitido por Canal 13 del domingo al miércoles pasado) no puede analizarse como una “pelea de boxeo”, donde cada contrincante se adjudica puntos y rounds según el número de golpes que logre darle al otro. Con 25 participantes distribuidos arbitrariamente en cuatro segmentos, tal cosa es imposible, pues más pareciera un espectáculo al estilo del “Juego del Calamar” o de los “Juegos del Hambre”: todos contra todos, y gana el último que quede vivo.

El pelotón de candidatos presidenciales es casi equivalente al número de ciclistas que solían correr la Vuelta a Costa Rica en sus inicios, o al número de toreros improvisados que daban tumbos en las arenas de Zapote, Palmares o Santa Cruz. Destacar entre tantos, requiere de gran habilidad para aprovechar las poquísimas oportunidades que surgen, y obtener de ellas el mayor provecho político (es decir, maximizar las posibilidades de “quedar vivo”). Lo que interesa, entonces, es evaluar quiénes sacaron mayor provecho para lograr sus objetivos (cualesquiera que estos sean).

Con esa premisa en mente, examinemos a los 25 participantes:

1) Natalia Díaz: directo al blanco. Si bien sus objetivos son comparativamente modestos—pues su blanco principal es la Asamblea Legislativa—, su buena presencia y agilidad le abrieron la oportunidad de “ponerse en el mapa” con un vigor imprevisto. Mostrando una elocuencia y habilidad de las que claramente carece Lineth Saborío, la dejó en evidencia sin tenerla siquiera en el mismo salón. Por añadidura, le atestó también a José María Figueres el golpe más resonante de toda la jornada. Con elegancia, astucia y aparente ingenuidad, puso en primer plano lo que más detesta la gente del candidato liberacionista. En suma, un desempeño notable en un momento clave de la campaña.

2) Christian Rivera: el “invitado inesperado” de la campaña mostró gran vehemencia y elocuencia, y su agenda de campaña lució pragmática, puntual y concreta. Salir de un relativo anonimato en medio de un pelotón tan nutrido no es tarea fácil, pero su habilidad verbal, su presencia en el escenario y su dejo visionario le depararon comparaciones favorables con otros aspirantes mucho más fogueados en comunicación—por ejemplo Natalia Díaz o Fabricio Alvarado—. Nos hace preguntarnos cómo le iría en un enfrentamiento directo contra los rivales más “pintados”. 

3) Fabricio Alvarado: gústenos o no, es claro que “hizo la tarea” y se esforzó por cerrar brechas que lo hicieron vulnerable cuatro años atrás. Tenía objetivos cruciales: proyectar seriedad, capacidad de propuesta, desmarcarse del “encasillamiento” y tranquilizar a un segmento del electorado “intoxicado” en su contra por la perversa campaña del PAC cuatro años atrás… todo ello sin perder la identidad esperada por sus seguidores históricos. Su presentación en el debate fue sobria, equilibrada, con su acostumbrado buen manejo de la imagen personal. Ya no tiene el factor “sorpresa” que lo ayudara a catapultarse en el 2018, pero se consolida en la primera fila de aspirantes, y podría beneficiarse de las flaquezas de sus competidores más cercanos, y de no tener prácticamente quién le dispute el voto más conservador.

4) Jhon Vega: La ventaja de tener objetivos limitados es poderlos lograr de una forma sencilla. Una candidatura “testimonial”, en este caso, no tiene interés en salir electo, sino en “hacer tribuna” y repartir golpes a diestra y siniestra. Vega lo hizo, y con creces, para especial tormento de José María Villalta, a quien desenmascaró como representante de una izquierda hipócrita y oportunista. Es obvio que su pensamiento político sigue fosilizado en 1917, pero al menos un fósil tiene más coherencia interna que un camaleón.

5) Federico Malavassi: sobrio y sagaz en sus ideas, supo comunicar su ya reconocida postura liberal clásica, y fue incluso más vehemente que el propio Fabricio Alvarado al denunciar la debacle del MEP como síntoma de la “contracultura”. Si se la “creyera”, podría ser un candidato interesante para el electorado conservador; pero pareciera conformarse con lograr diputaciones para Unión Liberal, y atestarle ocasionales coscorrones a Welmer Ramos por la penosa manera en que ejerce la no menos vergonzosa tarea de representar al PAC.

6) Rodrigo Chaves: Si su objetivo es mostrarse como el candidato de las “broncas”, del carácter firme y de la competencia técnica, lo hizo bien. Se olvidó por completo de Lineth Saborío calculando (correctamente) que ella se iba a autoeliminar, y en cambió la emprendió contra Eli Feinzaig, otro economista que resulta ser también un posible rival por el voto “progre” dejado en la orfandad por el PAC. Aún está por verse si logró adquirir identidad propia más allá del “efecto Pilar”.

7) Carmen Quesada: fue una agradable sorpresa. A pesar del visible nerviosismo del arranque, logró poner en el tapete alguna semblanza de seriedad en el partido que representa. Su objetivo, claramente, es lograr representación legislativa, pero aunque no parece tener todavía el “músculo” necesario, al menos en el debate logró sobrepasar las (limitadas) expectativas que pudiese haber generado su aparición.

8) Óscar López: con la mira puesta en una diputación por San José, necesitaba “mover el bote” para salir del montón, y eligió entonces un oponente inesperado: el propio Tribunal Supremo de Elecciones. La astucia y espuela le permitieron dar de qué hablar con esa súbita maniobra de cierre, y eso le permitió superar a muchos de sus compañeros de set.

9) Eli Feinzaig: a pesar de presentarse como un aspirante novedoso y con una visión “de avanzada”, le resulta difícil conciliar su liberalismo económico con su progresismo social. Su objetivo primordial parece ser llegar al Congreso y—de pasada—sacar una votación decorosa para la Presidencia, pellizcando acaso votantes desilusionados del PAC; pero en esta línea se hizo digno blanco del ataque de Rodrigo Chaves—otro economista claramente interesado en capturar el mismo segmento electoral—, y claramente el intercambio no lo favoreció. Quizás su pasado “mariachi” le jugó una mala pasada, al dejar escapar (¿deliberadamente?) a una Lineth Saborío que de todas maneras naufragaba por sí sola.

10) Sergio Mena: si esperaba emular sus “éxitos” de 2014 y 2018, esta vez se quedó corto. En las otras oportunidades mostró vigor y frescura, incluso agitación, para sobresalir por delante de muchos oponentes; pero ahora no lució igual, opacado por rivales presentes como Christian Rivera y Oscar López, y hasta por los que no lo estaban ese día, como Jhon Vega, Natalia Díaz o Fabricio Alvarado. Flaqueó al intentar la defensa del alcalde electo por su partido e involucrado luego en el caso “Cochinilla”, y no logró agitar las aguas como quizás lo esperaba.

11) José María Figueres: al igual que para Lineth Saborío, tampoco es un buen síntoma que su campaña tuviera que salir corriendo a lanzar un comunicado para decir que le fue “bien”. Sus evasivas y generalidades no dejaron un buen sabor, y aunque por mucho rato logró navegar como el proverbial “elefante en el cuarto” que nadie nombra, recibió una dolorosa estocada de donde menos esperaba: de Natalia Díaz. Pareciera estar convencido de que, si él no está a la altura del cargo al que aspira volver, necesita bajar el cargo a su propia altura. Hace rato dejó de ser el favorito “por default”, y en la recta final está dando indicios de la fatiga política que hundió a Johnny Araya en 2014 y a Álvarez Desanti en 2018.

12) José María Villalta: enero nunca ha sido un mes benigno con el eterno aspirante del Frente Amplio, que suele generar expectativas altísimas y luego fracasar en llenarlas. A pesar de tener a José María Figueres en el mismo set, no consiguió lanzarle ningún ataque efectivo, y más bien lo redujo a la defensiva el incesante martilleo de Jhon Vega. Pareciera que pretende “asustar con la vaina vacía”, esperando que quizás el electorado “huérfano” del PAC se decida mágicamente por él, sin hacer nada.

13) Welmer Ramos: su meta quizás sea la más difícil: persuadir al electorado de que el pésimo desempeño del PAC en sus dos gobiernos los hace merecedores del “premio”. Claramente, su natural sinceridad juega en su contra, pues termina siendo “sinceramente insincero” al defender posiciones “progres” en las que claramente no cree, y alegar incluso cosas evidentemente falsas en defensa de su partido. Todo ello lo hace lucir patéticamente incómodo, y hace que la posibilidad de una nueva “remontada” del PAC en la última semana de las elecciones parezca (afortunadamente) irrealizable. Su consuelo es que, al menos, no le pasó lo de Lineth Saborío.

14) Greivin Moya: francamente quedó debiendo. Aunque su objetivo inmediato parece ser una Asamblea Legislativa que podría parecerse demasiado a un set de noticias televisadas (en caso de quedar electos también Pilar Cisneros y Fabricio Alvarado), Moya no logró proyectarse con la implacable seriedad que solía hacerlo en sus reportajes de antaño, ni complementó su tono de “denuncia” con una visión propia. El resultado es una mala imitación de Juan Diego Castro.

15) Rolando Araya: para un político tan experimentado, las expectativas eran mucho más altas. Su fatiga y agobio son visibles, y no logró sacudirse de ellos para recuperar el terreno perdido y volver al paquete de “favoritos” del que se rezagó hace rato. Sus dificultades para “aterrizar” lo hicieron lucir lento en comparación con Christian Rivera o Sergio Mena, y no tuvo tampoco la posibilidad de un ataque efectivo contra su archirrival Figueres. Comenzó a verse irritado, incluso desesperado. Quizás, sin embargo, le alcance para arañar la diputación por San José.

16) Marisela Morales: La docente no capitalizó en grado alguno la que—probablemente—fuese su única oportunidad de plantearse como alternativa política. Las expectativas, sin embargo, eran bastante bajas, y eso le evitó lucir tan mal como Lineth Saborío.

17) Rodolfo Piza: sin pena ni gloria, no parece que esté siquiera cerca de conseguir la diputación que busca. Recibió un golpe certero por su “crisis de identidad política” que lo llevó de ser candidato del PUSC a ministro estrella del PAC y luego a abanderado de Nuestro Pueblo.

18) Lineth Saborío: está clarísimo que esta participación resultó catastrófica para la candidata del PUSC. Ya era revelador que su partido tuviera que salir corriendo a emitir un comunicado diciendo lo “capacitada” y “segura” que se había visto, en vano intento de disimular el ridículo. Hasta este punto, con la mira puesta en “resucitar” a su maltrecha agrupación y pelear la Presidencia, la habían dejado avanzar sin exigirle nada: ni propuestas, ni convicciones, ni energía, ni carisma. Un discurso ambiguo y vacío parecía ser suficiente. Pero ahora, al contrastarla con otros aspirantes del menú, es indiscutible que no puede competir: no comunica tan bien como Fabricio Alvarado, no tiene la espuela de José María Figueres, ni la capacidad técnica de Rodrigo Chaves, ni la habilidad de Natalia Díaz. Esta aparición sin duda representa un parteaguas, y salvo alguna maniobra casi milagrosa, el inicio de una vertiginosa caída en la intención de voto.

19) Rodolfo Hernández: el Doctorcito podrá ser un hombre probo y un médico reconocido, pero como orador sigue siendo simplemente terrible. Lentísimo, proclive a desconcentrarse, y con dificultades para articular con claridad alguna propuesta, lució aún más fuera de forma que hace cuatro años. Está claro que, aunque sus objetivos son más modestos ahora (pueden reducirse a obtener una diputación), la exhibición ofrecida no da ni para pronosticarle ese éxito. ¿Se imaginan a este pobre señor en una curul?

20) Eduardo Cruickshank: nada digno de ser mencionado. Lució lento, predecible y apagado. Tampoco es que tenga una gran oferta programática o sea un candidato atractivo para algún segmento ciudadano; pero ya está más que claro que el éxito en el 2018 era un tema de candidato y no de partido.

21) Martín Chinchilla: su presencia no aportó gran cosa, salvo el sacar del baúl de los recuerdos a Pueblo Unido. Al igual que José María Villalta, luce muy mal cuando le recuerdan las simpatías expresas o implícitas con los regímenes despóticos de izquierda latinoamericana.

22) Roulan Jiménez: nos enteramos de que aspira a la Presidencia de la República y de que su pensamiento es socialdemócrata. Se expresa relativamente bien, pero su candidatura pareciera ser una solución a un problema que no existe.

23) Oscar Campos: su participación padece de un notable anacronismo: un chonete como el de Ottón Solís, una bandera como la del No al TLC del 2007, y un discurso sectorial de finales del siglo 20. La única forma de verse moderno y atractivo es discutiendo contra Jhon Vega.

24) Luis Alberto Cordero: un candidato cuya propuesta principal es el viejo cliché populista de convocar una Asamblea Constituyente. Ni siquiera llegamos a enterarnos para qué.

25) Walter Muñoz: en su sexta candidatura presidencial (a sabiendas de que probablemente sea el candidato menos votado como lo ha sido en cuatro de sus anteriores cinco campañas), no parece muy claro el objetivo que persigue. No despierta ninguna expectativa de triunfo y tampoco puede reelegirse en el Congreso, y eso se notó en el desgano con el que afrontó el debate. Sin duda la mala experiencia con Juan Diego Castro debe haberlo disuadido de abrir la posibilidad a otro candidato; pero habría sido infinitamente mejor tener a Pablo Barahona como aspirante presidencial, en vez de limitarlo a una curul por San José que probablemente no consiga. Penal botado.

Probablemente cada uno tendrá sus propias valoraciones al respecto. Lo importante es que, al ejercer el voto, esas valoraciones se traduzcan en un sufragio coherente y patriótico.

 

Robert F. Beers

Dec. 31, 2021

Es muy habitual escuchar metáforas deportivas para describir una campaña política: la carrera de caballos o de vehículos, el ciclismo, el boxeo, el fútbol… Pero quizás—como sucediera hace cuatro años—, la comparación más apropiada sea con un juego de beisbol. Después de todo, esta es una disciplina donde los cálculos no siempre aciertan, y donde la mínima circunstancia puede voltear bruscamente todo el panorama.

Al acabar una temporada bajo la dirección de un manager inexperto, arrogante e incapaz, arrancamos el 2022 en una situación complicadísima: al borde de la eliminación, perdiendo por varias carreras en la última entrada, con un out y con una alineación de jugadores viejísimos, incluso retirados, y evidentemente fuera de forma. Las graderías lucen medio vacías: no sólo por las impertinentes restricciones “sanitarias”, sino por el enojo, confusión y angustia de la afición. La línea ofensiva ha estado patética en su desempeño; pero ahora, curiosamente, las bases están llenas… aunque casi nadie cree que estén los corredores óptimos.

En tercera base aparece José María Figueres (PLN). Después de un largo retiro en el extranjero, volvió de pronto golpeando la mesa y exigiendo ser declarado de una vez la estrella del equipo, sin competir por el puesto ni mucho menos entrenar, aunque en sus lejanas temporadas en el país sus números nunca anduvieron por encima de lo mediocre. Después de fallar en varios turnos al bate, se embasó al fin por error del oponente, y alcanzó la antesala gracias a su habilidad para los robos; pero a cambio le quedó tan sucio el uniforme, que no logra saberse si es verde o amarillo. A juzgar por los abucheos e insultos que le llegan de todas direcciones, es evidente que la afición lo detesta; pero él parece más bien empeñado en enojarla aún más con sus gestos y actitudes, en vez de buscar la anotación. Se jacta de estar en tercera, como si eso significara que va a anotar automáticamente en cualquier jugada… pero no parece darse cuenta de que sus descuidos lo tienen cerca de quedar out, y que, de todos modos, con esa carrera no gana el partido.

En segunda base aparece Lineth Saborío (PUSC). La realidad es que nadie sabe cómo llegó hasta allí, pues jugó poquísimo, tenía como veinte años en retiro y desde entonces no había aparecido ni para probarse un uniforme. Lo cierto es que alguien la puso en la caja de bateo cuando se ponchó Rolando Araya, y recibió base por bolas sin hacer ni siquiera un swing, para luego estacionarse en la intermedia después del pelotazo recibido por Welmer Ramos. En suma, no se conoce si es derecha, zurda o ambidextra, ni mucho menos si sabe para dónde correr… pero por alguna misteriosa razón parece estar en posición anotadora. Sin embargo, con ella tampoco se gana el juego.

Mencionamos al veteranísimo Rolando Araya (PCRJ), quien pudo haber sido el héroe del partido. Al primer lanzamiento su bate hizo contacto sólido con la pelota y la mandó lejos, muy por encima de la cerca… pero en última instancia el batazo se abrió de foul y quedó en nada. Después le lanzaron muy pegado al cuerpo, y lograron poncharlo sin mucha demora (por algo es el jugador activo con más ponches en su larga carrera). Al final, con la cabeza gacha y el bate al hombro, va dejando atrás el diamante.

El zurdísimo José María Villalta (FA) fue puesto como corredor emergente en primera base, gracias a la insistencia de sus amigos del CIEP. Era el suplente de Welmer Ramos (PAC), pero este último fue impactado por la pelota durante su turno en el plato, y quedó tan lastimado, que hubo que hacer de urgencia la sustitución. Por supuesto, el cambio fue muy discutido, pues la realidad es que las últimas temporadas de Villalta han sido para el olvido; pero algunos aún recuerdan un famoso batazo suyo del año 2014, que por un momento parecía llevarse la cerca, aunque en última instancia—frenado por la antipática “brisa bolivariana”—se quedó corto y terminó en un simple out. Colocado en primera sin haber pasado siquiera por la caja de bateo, no parece muy probable que anote, pues no es muy ágil en las bases y además tiene por delante corredores bastante flojos.

En el plato de bateo se encuentra Fabricio Alvarado (Nueva República), estrenando un uniforme hecho a la medida. Su swing del lado derecho sigue siendo potente, como lo atestigua el monumental batazo que empató el juego en la última campaña y lo llevó a extra innings. Sin embargo, ese partido terminó perdiéndose en las entradas suplementarias, gracias un error suyo en defensa y algunas dudosas decisiones de un umpire hoy retirado—cuya partida, curiosamente, sólo fue lamentada por el cuadro ganador de ese juego—. A pesar de un ambiente muy hostil en la prensa, y desmintiendo los pronósticos que anunciaban una rápida caída luego de aquel encuentro, ha seguido mostrando buenos números, y luce determinado a esperar un lanzamiento propicio, máxime que tiene al momento conteo favorable de dos bolas y ningún strike. Claramente es un bateador incómodo para sus oponentes, que ya no saben cómo lanzarle: no quieren que les pegue un jonrón, pero tampoco darle base por bolas y poner así en primera base la carrera del empate…

Pues la gran incógnita está en el círculo de espera, en el bate de Rodrigo Chaves (PSD). Es un bateador ambidextro, poco conocido en nuestro medio, merced a las muchas temporadas que jugó en el extranjero; pero se sabe que es bastante depurado en la parte técnica y muy agresivo en el swing. Ahora bien, aunque su historial incluye serios problemas de camerino y rápidos desencuentros con el manager, su carrera sigue a flote gracias a la reputación de su flamante coach de bateo, Pilar Cisneros. Por supuesto, promete limpiar las bases si llega a tener un turno al bate, pero aún es incierto si logrará llegar al plato antes de que termine la entrada, y si encontrará todavía las bases llenas en caso de conseguirlo.

El resto de la alineación es una mezcla abigarrada: mientras calientan en el bullpen un montón de relevistas zurdos de poco alcance (Jhon Vega, Martín Chinchilla, Oscar Campos, Roulan Jiménez, Carmen Quesada, Marisela Morales), también aguardan turno varios bateadores y corredores de talento (derechos de poder como Federico Malavassi y Natalia Díaz, ambidextros ágiles como Eli Feinzaig o Christian Rivera, zurdos colocadores como Greivin Moya o veteranísimos casi olvidados como Sergio Mena, Oscar López, Rodolfo Piza, Rodolfo Hernández o Walter Muñoz). Sin embargo, y salvo que ocurra un trastorno dramático en el desarrollo del juego, luce muy difícil que estos logren ubicarse siquiera en la caja de bateo, pues llegará primero el último out... o se anotará la carrera del triunfo.

Robert F. Beers

May. 1, 2021

Parece mentira que haya necesidad de estarle recordando al Poder Ejecutivo (y a aquellos que por simpleza o por malicia le hacen segunda) que, en una República como la nuestra, la Constitución Política no sólo es la lista de los derechos mínimos de la ciudadanía, sino también el límite MÁXIMO del poder del Estado.

Parece mentira que a tan altos jerarcas les hagan falta las nociones más básicas sobre el poder que ejercen y sobre la Constitución que juraron observar y defender. Sin embargo, y dado que las carencias son tan evidentes, les facilitaremos un repaso sobre esas nociones. Esperemos que, a pesar de su limitada capacidad de comprensión, les sean de utilidad.

Veamos: el artículo 11 de la Constitución establece que los funcionarios de cualquier rango son “simples depositarios de la autoridad” y no pueden arrogarse facultades que la ley o la Constitución no les da. Es decir, ni el Presidente ni sus Ministros pueden inventarse poderes por decreto, ni mucho menos decir que pueden olvidarse de la Constitución cuando les convenga. No existe NINGUNA situación, NINGUNA, que los autorice a sobrepasar el orden constitucional.

Algunos intentan "vendernos" la idea de que sí las hay, y señalan algún oscuro y desconocido tratado internacional que, según dicen, permite al Gobierno hacer lo que viene haciendo e ignorar los límites de la Constitución, si pone la excusa "correcta". Pero es FALSO. Los únicos tratados internacionales que equivalen o superan la Constitución, son los que otorgan a la gente derechos más amplios. Aquellos que, por el contrario, limiten esos derechos o amplíen el poder del Estado, son inaplicables por contradecir la Constitución (que supera en jerarquía a cualquier otra norma, según lo establece su artículo 7).

¿Y si hay una emergencia? Por supuesto que la Constitución lo prevé; no fue escrita por tontos. Las situaciones más graves contempladas son: 1) el estado de Defensa Nacional, previsto en el artículo 12 y que autorizaría inclusive reestablecer un Ejército; y 2) la suspensión de derechos y garantías constitucionales, prevista en el artículo 121 inciso 7. En ambos casos, es la Asamblea Legislativa la que debe autorizarlas. Por cierto, los diputados incluso están obligados a revisar (y pueden revocar) cualquier decreto del Poder Ejecutivo que tenga el efecto de suspender garantías (artículo 140 inciso 4).

Ahora bien, las únicas garantías que pueden suspenderse son las que aparecen en la lista del artículo 121 inciso 7, por un plazo máximo de 30 días. Sobra decir que las que no estén en esa lista, NO SE PUEDEN SUSPENDER NUNCA.

En dicha lista, por ejemplo, no está el derecho a la vida, ni la propiedad privada, ni la libertad de comercio, ni la libertad de trabajo, ni tampoco la libertad de culto. Por consiguiente, NO PUEDEN SUSPENDERSE.

La libertad de comercio (artículo 46) tiene una protección especial: no puede suspenderse, restringirse ni amenazarse, NI SIQUIERA ALEGANDO UNA LEY. Es decir, ni una Ley de Emergencia, ni una Ley General de Salud, ni ninguna otra ley ordinaria, facultan al Poder Ejecutivo a amenazar, restringir o suspender la libertad de comercio, pues la misma Constitución lo prohíbe de forma expresa.

Además, en el caso extremo de una suspensión de garantías, el Ejecutivo debe SIEMPRE informar a la Asamblea sobre las medidas excepcionales que toma, sus razones y sus resultados. La obligación de rendir informes aplica también para declaratorias de emergencia nacional (que se rigen por una ley especial, pero por supuesto no pueden establecer medidas más graves que las contempladas en la propia Constitución).

Puede verse que NADA de lo anterior ha sido respetado, ni siquiera por accidente, por el actual Gobierno. Para colmo, la Asamblea Legislativa y especialmente sus últimos dos Directorios, simplemente “se quedaron viendo” cómo el Ejecutivo va haciendo lo que le da la gana.

Por si fuera poco, el Ministerio de Seguridad y el de Salud andan reclamando que se debe eliminar la protección constitucional a la privacidad del domicilio (art. 23). Hasta hoy la policía sólo puede meterse en nuestra casa a la fuerza con el permiso escrito de un juez, o bien para impedir un delito o capturar a un fugitivo, pero en cambio el Gobierno quiere hacerlo para impedir el ejercicio de libertades que no están suspendidas (aunque les pongan la maligna etiqueta de “clandestinas” para hacer parecer que las libertades son algo malo). ¿Es esto razonable, proporcional o justificable? ¿Van a seguir culpabilizando y agrediendo a la ciudadanía, poniéndola a espiarse y a pelear entre sí, para disimular su propia incapacidad de ejecutar lo elemental?

Hecho este repaso, queda sólo una pregunta por hacer. ¿Cuánto más de nuestra libertad, y de las protecciones constitucionales que han forjado la Costa Rica que conocemos, estaremos dispuestos a dejarnos quitar a cambio de la falsa "seguridad" que nos ofrece el Gobierno?

Robert F. Beers

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Apr. 27, 2021

Millares de personas en Costa Rica se sienten—con toda razón—angustiadas por el rumbo (o mejor dicho, la falta de éste) que padece nuestra nación. A esos costarricenses les duele ser testigos de una decadencia sin precedentes. En su profundo patriotismo y enorme reserva moral, los atormenta sentirse impotentes para frenar este declive.

A los patriotas nos agravia ver en altas posiciones a una élite de novatos politiqueros sin respeto alguno por la identidad y la trayectoria costarricense, y decidida a convertir sus vicios y traumas en políticas de Estado, aunque el precio sea empobrecernos a todos económica, jurídica y éticamente. Nos ofende la indiferencia de los grupos económicamente más poderosos, los cuales guardan un cómplice silencio a cambio de alguna ventaja que altere a su favor las dinámicas naturales del libre mercado. Y nos irrita el derrumbe de la institucionalidad de nuestra República, la sustitución de las libertades por “permisos” que el Estado da y quita según su capricho, o la noción de que las entidades que se crearon para cuidar esas libertades sean las primeras en convertirse en instrumentos de su desplome, evadiendo una y otra vez la representación de la voluntad ciudadana.

Por mucho que quisiéramos ser optimistas, nuestra realidad no resulta muy alentadora. El elitismo, la irresponsabilidad, la corrupción y, sobre todo, la mentalidad entre cínica y totalitaria de los últimos Gobiernos, nos heredan un país más pobre, deprimido y sobre todo dividido. Los representantes locales de una agenda antipatriótica, determinada a acabar con todo tipo de identidades (nacionales, culturales, religiosas o incluso biológicas) han hecho de las divisiones no sólo un pasatiempo, sino una verdadera forma de acaparar el poder. Y trágicamente, han demostrado poca capacidad y menos interés por atender los anhelos y las necesidades de una ciudadanía cada vez más “huérfana” en términos políticos.

Son cinco los temas que más inquietan a nuestra ciudadanía: 1) desempleo y tránsito hacia la pobreza, 2) rezago en infraestructura, 3) pérdida de libertades en nombre de intereses “colectivos”, 4) decadencia e ideologización educativa, 5) inseguridad pública, penetración de la corrupción y del crimen organizado. Todos ellos, sin embargo, se enmarcan como los indeseables resultados de implementar a ultranza una agenda ideológica elitista, enfocada en el hegemonismo cultural, cuyas prioridades andan lejos de las necesidades y anhelos de la ciudadanía: impuestos altos, aborto por la libre, fronteras abiertas, privilegios para colectivos favoritos, laicismo ideológico forzoso, sustitución de la República por un Mega-Estado con amplios poderes y pocos límites…

Lejos de premiar tan estrafalarias “prioridades”, debíamos ocuparnos de dar respuestas concretas a los apremios ciudadanos. Y no se trata solamente de respuestas coyunturales a un puñado de temas, sino de aquellas ideas y esperanzas que se construyen a partir de la coherencia y el pleno respeto a nuestra identidad y valores.

Necesitamos hablar, en primer lugar, de un renacimiento económico. Ya no basta con una “reactivación”, pues de la inactividad hemos pasado ya a una moribunda atrofia de nuestro sector productivo, ahogado por el puño de un Gobierno contradictorio y sin ruta. Nuestros emprendedores (y aquellos que quieran invertir en nuestro país) necesitan renacer, liberarse de las cadenas de un Estado que primero les estorba y luego les cobra por hacerlo, y poder realizar con agilidad sus actividades para beneficiar a la sociedad a través de su producción y de los empleos generados.

Necesitamos un renacimiento fiscal. Hay que marcar un alto definitivo a la medieval voracidad de un régimen empeñado en expoliar y empobrecer a la ciudadanía para patrocinarse a sí mismo. Si el nivel de gastos es ya insostenible, y el de impuestos es excesivo, es necesario reducir: no para crear artificialmente más desempleo, sino para aliviar la carga al ya desmenuzado sector productivo y lograr que para un emprendedor sea menos costoso y más deseable estar “a derecho” que operar en la informalidad.

También nos urge un renacimiento como República. Se trata de recordarle al Estado que su poder tiene límites escritos en la Constitución. Se trata de reimplantar el principio de un poder limitado y dividido, no concentrado en unos cuantos imberbes caprichosos. Se trata también de sacar al Estado de donde nunca debió haberse metido (ej. el derecho a la intimidad, la gestión de empresas, la ideologización "educativa", el privilegio de sectores específicos, el ahogamiento de las libertades individuales en nombre de una “seguridad colectiva” que sólo ellos definen) y enfocarlo en aquello para lo que en realidad existe (seguridad, representación política, administración de justicia, ejecución de obras públicas). Un Estado enfocado es más ágil, eficiente y menos propenso a la corrupción.

Y finalmente, nuestra nación demanda un renacimiento patriótico, ético y moral. Si una persona o partido político busca minimizar o ridiculizar derechos tan básicos como la vida o la libertad de conciencia, tengamos plena seguridad de que con ellos peligrarán también los demás derechos y libertades. Si también busca diluir nuestra identidad y alinearnos a punta de miedo y pobreza, o si tiene evidentes nexos con agendas oscuras o criminales, ningún costarricense digno debería tan siquiera considerar un voto a su favor.

Para la tarea que aguarda a nuestra Costa Rica, no bastan las fuerzas de un solo hombre o mujer. No hay en nuestra tierra magos, genios, superhéroes ni personajes de fantasía, sino tan sólo “ciudadanos”; pero la ciudadanía por sí misma es una preciosa dignidad y una valiosa herramienta para el titánico reto que debemos afrontar. Nos toca dar fin a la debacle, y poner en marcha el gran renacimiento nacional.

Robert F. Beers

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