Feb. 4, 2022

Agonía a la hora del cierre

Tomo prestado un título que usase el recordado periodista Guido Fernández, porque es el que ejemplifica mejor el estado de ánimo de nuestro país en este instante.
 
Con el perezoso ciclo de debates y encuestas acabado al fin, y a menos de 36 horas de que inicie el día más largo, los costarricenses se preguntan todavía (entre la incredulidad y la impaciencia) por quién votar. Ya no estamos, es evidente, ante la posibilidad de una de esas extrañas "avalanchas de la última semana" que, al menos en todas las elecciones desde 2006, encumbraban a algún aspirante improvisado (usualmente del PAC), sino que la carrera parece terminar de una forma similar a la de su arranque.
 
El supuesto "favorito" (al menos de algún sector de la prensa) sigue siendo José María Figueres. Sin embargo, su cierre de campaña no pudo ser más raquítico: en los últimos dos debates se dedicó básicamente a hacer más muecas que Mr. Bean picando cebolla. La campaña demostró lo vulnerable que es: en ningún punto de ella se levantó por encima del 17% de intención de voto con que arrancó. Para mucha gente, Figueres representa la continuidad del PAC sazonada con la corrupción del PLN. Apoya toda la agenda "progre" (su vicepresidenta fue directamente importada del PAC para estar a cargo del tema). Pretende mantener la política actual sobre pandemia, restricciones y demás familiares. Busca más control del Estado en la parte económica y educativa. Y su desempeño en los debates no pasa de recitar eslóganes y hablarle a la cámara, sin dar mayor respuesta cuando se le cuestionan los resultados económicos y fiscales de los gobierno de su partido. Sin embargo, su apuesta pareciera ser simplemente pasar a la segunda ronda (algo que sería muy superior a la eliminación directa sufrida por su partido en 2018).
 
A pesar de trastabillar un poco en el último debate, Fabricio Alvarado parece perfilarse como el otro finalista, fortalecido por un voto más fiel de lo que se esperaba, y sobre todo por los insólitos desaciertos de sus adversarios. Es cierto que está lejos de la "capacidad técnica" de Rodrigo Chaves o la "experiencia" de Figueres. Pero es el único que ha marcado una diferencia ideológica real con este último: no sólo por haberse opuesto consistentemente a la agenda "progre" y a la voracidad fiscal del PAC, sino por plantear una visión donde el Estado tendría menos injerencia en los medios de producción económica o en la libertad educativa, así como menor autoritarismo en cuanto a las libertades de comercio, reunión y culto, tan lesionadas por el actual Gobierno. Si bien otros candidatos han presentado posiciones similares, o incluso más vehementes (ej. Federico Malavassi, Natalia Díaz, Sergio Mena, Christian Rivera, Rolando Araya en algunos temas), los sondeos no dan a ninguno de ellos posibilidad de colarse, y eso podría conducir a una especie de "voto útil" que le asegure a Fabricio el puesto. O bien, ese pinchonazo de último momento en Canal 7 podría abrirle la ventana a un inquilino distinto...
 
Es casi seguro, sin embargo, que ese inquilino no será el PUSC. El caso de Lineth Saborío probablemente resulte tema de estudio sobre cómo "autodestruirse".  Si el desempeño en los primeros debates resultó catastrófico, fue más bien empeorando conforme avanzó la campaña. Sus planteamientos y respuestas resultan ambiguas, imprecisas, confusas o contradictorias hasta el grado de lo penoso; y por añadidura no se ve por ningún lado que su partido cuente con cuadros para otra cosa que para pescar diputaciones. Pasó de "meter presión" a Figueres y a Fabricio, a un lastimero derrumbe, mientras figuras de su partido expresan vergüenza y electores desilusionados se pasan a las filas de Fabricio, Rodrigo Chaves o Eli Feinzaig.
 
De José María Villalta no hay mucho que decir. Su partido (Frente Amplio) es el PAC "recargado", y empeorado por sus ya conocidos nexos con el totalitarismo de Venezuela, Nicaragua y Cuba, que el candidato se empeña tardíamente en negar porque al fin entendió que nadie quiere eso para Costa Rica. En los debates lució desequilibrado, poco elegante, muy ávido de atacar y golpear, y con un volumen bajísimo de propuestas (considerando que se jacta de atraer un voto "intelectual"). En el último encuentro, sus oponentes ni siquiera se molestaron en atacarlo, prueba de lo poco que le temen.
 
Eli Feinzaig se presenta como liberal, pero en realidad tiene más diferencias con Fabricio Alvarado que con José María Figueres (quien parece haberlo utilizado para neutralizar, según él, a Rodrigo Chaves y minar a la debilitada Lineth Saborío). En lo único que se separa de este último es en su desacuerdo con más impuestos. Sin embargo, tuvo un gran éxito a nivel publicitario: no sólo logró salir del margen de error en las encuestas, sino que además obró el milagro de hacer que Villalta se viera obsoleto y anticuado.
 
Rodrigo Chaves transmitió mucha capacidad técnica, pero matizada por un discurso de tinte populista, un dejo de autosuficiencia y un verbo brusco que hace pensar en un Ottón Solís. Favorece mucho más control del Estado en los aspectos económicos y administrativos, y es ambiguo en cuanto a las agendas progres. Su oratoria seca atrajo mucha atención, algo que sin duda contribuyó a convertirlo en la "piñata" del último debate. Y en ese papel no estuvo cómodo: estuvo cerca de "entramparse" en la "falacia del más preparado", buscó minimizar sus faltas, y devolvió golpes en todas direcciones, acaso con más rudeza de la necesaria. Sin embargo, y a la inversa de Villalta, tanto ataque parece ser un indicio del temor de sus adversarios a un buen cierre.
 
¿Y qué hace aquí Welmer Ramos? Había que mencionarlo porque lo invitaron a un par de debates, con la patética excusa de ser el "candidato del gobierno"; pero allí hizo su mejor esfuerzo por terminar de enterrar al PAC (al punto de que posiblemente no obtenga ni siquiera un diputado). Con una insincera pose de "progresismo", sumado al desastroso desempeño de Carlos Alvarado en un cargo que le quedó inmenso, y a la acusación que le planteó a este último el Ministerio Público por los aparentes delitos del caso UPAD, no cabe duda de que el resultado del PAC este domingo será un impecable reflejo de lo que ha sido su gobierno: un vergonzoso e irremediable fracaso.
 

Robert F. Beers