Jan. 27, 2021

Celebrar las Cenizas

En la escena culminante de la célebre película “La Lista de Schindler”, el protagonista, lejos de regodearse en su heroísmo y pedir aplausos, acaba desconsolado y lamentando a voces no haber agotado todas sus posibilidades de salvar una vida más.

¡Qué actitud tan diferente vemos en nuestros días! Hoy vemos a la clase dirigente festejando un fracaso tras otro, y demandando pleitesía por sus “logros”, que básicamente consisten en tener los peores resultados en décadas. Nos exigen celebrar las cenizas, y agradecerles que “no nos fue peor”.

Lo vimos hace meses, cuando el índice de desempleo saltó del 12% (un máximo histórico hasta ese momento) al 24% (el doble), bajo la acción combinada de una economía en contracción y una serie de medidas opresivas desde el Poder Ejecutivo. Lo vimos de nuevo cuando el porcentaje de pobreza se disparó cinco puntos porcentuales en menos de seis meses, y cuando se supo que 324 mil de nuestros niños y jóvenes habían quedado excluidos de nuestro centralista y arcaico modelo educativo público por falta de conexión a Internet. No hubo la menor contrición ni lamento, ni autocrítica ni “mea culpa”. Al contrario, los ecos nefastos del “manejo heroico” resuenan ahora en el “agradezcan que no les fue peor”.

Y ahora lo volvimos a oír cuando se divulgó la esperada noticia del déficit fiscal de 8,1% (no sin antes cambiar el año base del cálculo para que no se viera alto). Ni una palabra sobre el hecho de tener el peor registro en al menos cuatro décadas, ni sobre el hecho de que los economistas consideran un déficit superior al 6% como “insostenible”. Tampoco mencionar la drástica caída de los ingresos del Estado—agudizada por su represión de la actividad económica en general—ni la rotunda negativa de Casa Presidencial a considerar siquiera una disminución de algún tipo en el gasto, incluyendo las intrigas del anterior Ministro de la Presidencia para evitar recortes presupuestarios. Ninguna referencia a lo denunciado por el ex Ministro de Hacienda como “seguir la parranda” pidiéndole fiado al FMI. ¿Cuál fue la reacción? Otra vez la misma: celebrar las cenizas y repetirnos que deberíamos estar agradecidísimos, venerando al actual Presidente y considerando seriamente cancelar las elecciones del 2022 para que nos gobiernen eternamente porque de lo contrario “estaríamos peor”.

El narcisismo y el conformismo, una vez más, nos juegan una mala pasada desde el “gobierno estudiantil” de Zapote. Allí donde un auténtico estadista tendría el bienestar de su pueblo en el corazón, doliéndose de cada boca ciudadana sin alimento o de cada emprendimiento que fracasa, vemos en cambio un sujeto vanidoso que ni siquiera asoma su cara ante la prensa—esa misma prensa servil que lo promovió sin ningún pudor en tiempo electoral—y que, enfrentado con una realidad cada vez más desoladora, no hace más que poner a sus voceros de alquiler a repetirnos lo maravillosos que son él y su gobierno. Empeñados en hacernos creer que su “universo cinematográfico” es real y que nosotros somos los chiflados por no verlo, se turnan para exigirnos más sacrificios, más impuestos (ahora dicen que tener casa propia es un lujo), y más aplausos.

En fin, Alvarado y su séquito van de mal en peor, engañando y siendo engañados. Era absurdo esperar algo distinto, y lo advertimos desde un principio, aunque tanto nos duela hoy haber tenido razón. Pero a pesar del gran esfuerzo que hacen (y harán) por aturdirnos, la realidad está delante de nuestras vistas, con tal contundencia, que sólo se dejará engañar el que quiere.

Robert F. Beers

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