Oct. 25, 2020

De instrumentos, creencias y trapos

 

"El ruido de tus acciones no me deja escuchar tus palabras".

Ralph W. Emerson

 

Lo expresado por el señor Carlos Alvarado desde las páginas de su fidelísimo periódico "La Nación", sorprende tanto por el alambicado lirismo como por la falta de sustancia y, sobre todo, por confirmar lo que algunas semanas atrás exponíamos al hablar del narcisismo político.

Inicia diciendo que, como Presidente, ha sido "muy reservado" en cuanto a sus creencias. No lo recordábamos así de "reservado" cuando se mofaba en sus blogs y novelas del catolicismo, ni cuando le dio un ataque súbito de religiosidad unos días antes de la segunda ronda electoral, una de sus tantas manipulaciones que pasó al olvido en cuanto tuvo en el bolsillo el reconocimiento del TSE como ganador. Pero lamentablemente, sí ha resultado en extremo "reservado" en cuanto a sus convicciones, objetivos y capacidad para el cargo, que a casi dos tercios de su administración siguen siendo un insondable misterio.

También lo son las supuestas "convicciones republicanas" que, de ser reales, lo habrían conducido efectivamente a comportarse como un "presidente para todos en el respeto a la pluralidad". Lamentablemente, esas palabras salen de sus labios con un irremediable sabor a cinismo, porque desde Zapote sus actos lo revelan como todo lo contrario: un feroz enemigo de los pilares de la República: el imperio de la ley, la igualdad ante la ley, y el gobierno limitado y dividido frente al principio de libertad.

En lugar de la igualdad ante la ley, tenemos las muestras cotidianas de su odioso y desvergonzado favoritismo hacia algunos sectores (o amigos) muy específicos (sobre los que se jacta apenas unas líneas más tarde). Los intocables amiguis danzan de un puesto al otro, o hasta les inventan nuevos cargos, sin importar idoneidad o cuestionamientos éticos ni judiciales. Y a los demás, nos pasan la factura entre fingidos lloriqueos, metiéndonos un impuesto tras otro, pero manipulando con la otra mano para evitar que el Estado deba bajar sus gastos. Es decir, más plata para hacer lo mismo, al decir de su propio ex Ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves. O, en buen tico, "parranda para mis amigos, impuestos para el resto". ¡Vaya "convicciones republicanas"!

Pero hay más. En lugar del imperio de la ley, tenemos un estado de "emergencia" por tiempo indefinido, garantías constitucionales dejadas sin efecto, con la UPAD perfilando a los que cometemos la barbaridad de "no estar alineados", y ahora también el peligro latente del hostigamiento tributario como represalia política (sólo para irnos imaginando lo que podrían hacer de haberse aprobado la Ley del Odio o la de Extinción de Dominio). Y en lugar de un gobierno limitado y dividido, lo tenemos hambriento de poderes y recursos, desesperado por echar una vez más sus redes sobre la ciudadanía y hacer "pesca de arrastre" financiera, desdibujando la división de poderes y las garantías constitucionales con excusas como la "emergencia" o las "peligrosísimas amenazas a la institucionalidad" (la vieja excusa de todos los totalitarios para reprimir a sus oponentes, por dóciles y mansos que sean).

Es muy revelador, eso sí, que el Presidente acepte públicamente ser un "instrumento", pero no nos dice de quién.

Ahora bien, la célebre oración de San Francisco de Asís de la que se apropia, pareciera haber sufrido una curiosa transformación, pues los resultados han sido completamente la antítesis de los pedidos por el célebre monje. Instrumento ha sido sin duda, pero no de paz, sino de contienda (aunque parece muy orgulloso de eso, a juzgar por lo que escribe). No de perdón, sino de injuria ("irresponsables", decía hace unas semanas, y en el propio artículo reduce todo a "populismo", "odio" y todas las usuales muletillas huecas del narcisismo "progre", porque ni cuando habla de unidad deja de dividir). Y no de esperanza, sino de desaliento para ese 25% de costarricenses que ya no tiene trabajo, y para el casi 30% que ahora está sumido en la pobreza.

Tampoco se le ven muchas credenciales en materia de lucha contra el "populismo", cuando un día se autoproclama el sucesor de Juanito Mora, otro anuncia un "diálogo" consigo mismo, al siguiente anuncia que quiere "ponerse de acuerdo para ver cómo ponerse de acuerdo", y el domingo publica este artículo donde, en esencia, dice haber salvado al país pre-pandemia, se jacta de su heroismo por haber dividido al país en temas culturales importados machoteramente desde otras latitudes, y vuelve a culpar de todos los males a los gobiernos de los últimos 20 años (curiosamente, el tiempo que lleva su partido de tener una amplia representación en el Congreso). Por cierto, además del populismo hay otras amenazas para la República: una es el elitismo, otra el narcisismo intelectual, otra el abuso del poder, y una más es el desprecio por el interés general. Pero la más seria es la combinación de las anteriores con una absoluta incapacidad política.

Por cierto, la recomendación de meterse "donde se bate el barro" le caería muy bien a sus propios Ministros y, mejor aún, a esos que ejercen Viceministerios ficticios a modo de TCU. Para no hablar del propio inquilino de Zapote, tan indiferente y despectivo contra los que no viven en condominios urbanos de cantones céntricos con alto nivel de desarrollo, y tan embebido en su propia autopercepción de romántico superhéroe.

Si este total destrozo económico y social, el inminente default y la parálisis política son los resultados de su pretendido "amor" por el país, algo anda muy mal con esa idea de amor... sobre todo cuando la utiliza sólo como excusa para usar luego la muletilla del "odio" y reducir todo al lenguaje emocional, incluso la superflua mención de una "toalla" con la que sólo le faltó ofrecer secarse las lágrimas. ¿Cuándo van a dejar de creer que están en una telenovela?

En vez de la "toalla", bien podría utilizar un trapo. Porque buena falta le hace, para desempolvar el verdadero significado del patriotismo, la sensatez, la institucionalidad, la Constitución y todas esas palabras que utiliza sin conocerlas. Y de paso, quitarle también el polvo y las telarañas a la ética, la seriedad, el pensamiento y el respeto, olvidados y enterrados desde hace mucho. Hay que dejarse de dramas y hacer una verdadera limpieza: una tarea en la que el trapo le será mucho más útil que la melodramática toalla, con la que sólo podría secarse el sudor causado por la congoja y la vergüenza, si las tuviera.

Ya quisiéramos nosotros, en cada rincón de Costa Rica, creer que esta vez sí va a escuchar y aplicar las buenas ideas que llevan años siéndole ofrecidas, incluso por quienes lo adversamos políticamente. Pero con semejantes credenciales, el artificioso lirismo del artículo no hace ningún favor a la ya minúscula credibilidad presidencial. Sin embargo, y dada su peculiar insistencia en declararse "republicano" por primera vez en su vida, bien podría hacérsele en estos tiempos la famosa recomendación de su ex Ministro estelar Rodolfo Piza: aplicarse una buena dosis de Listerine y lavarse muy bien la boca antes de hablar sobre la República.

Robert F. Beers

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