Sep. 30, 2020

De irresponsables, filibusteros y más...

A medida que se acumulan el malestar y los fracasos de su administración, sólo en una cosa parece irse superando el actual ocupante de Zapote: en la magnitud de los disparates que suelta cada vez que alguien comete la imprudencia de darle un micrófono.

Inició su semana Carlos "Sin Tierra" con calificar de "irresponsables" a los que nos negamos rotundamente a seguir pagando en impuestos el festín politiquero agudizado por su partido: una actitud semejante a la del borracho que se enoja y hace berrinche porque su familia se rehúsa a darle plata para cubrirle la deuda con la cantina. Si eso es irresponsable, ¿qué calificativo merece él, que nunca ha tenido carácter ni para pedirle la renuncia a alguno de sus amiguitos por sus "tortas", y que cada día demuestra lo grande, lo enorme que le quedó la Presidencia? ¿Qué calificativo merece Luis Guillermo Solís, el que lanzó por la letrina las finanzas públicas de nuestro país y reaparece regularmente para reírsele en la cara? ¿Qué calificativo merece el PAC después de estafar a los costarricenses y saquear vulgarmente las maltrechas arcas del Estado? La respuesta la sabemos todos, pero nunca habrá en ellos la honestidad ni la entereza de admitirlo (probablemente se limiten a desplegar en las redes sociales su escuadrón de hienas, que emiten sus "risitas" mientras degustan la carroña como buenos mediocres).

Pero lo de hoy, en Puntarenas, fue simplemente el acabose. Ya sabíamos que el señor Alvarado se "autopercibe" como un superhéroe de revista, pero venirse a comparar con el Libertador Juanito Mora o con el valiente y sereno General Cañas, ya requiere otro nivel de narcisismo.

Antes de proferir semejantes sandeces, hubiera debido leer al menos las dos proclamas que emitió el Libertador para alertar al país. En la primera nos describía a los enemigos de la Patria como los que vendrían a apaciguar su insaciable codicia, apoderándose de las casas y bienes de los costarricenses, y a emplear el poder para satisfacer sus más bajas pasiones. Y más tarde, maldecía a aquellos que se dedicarían a sembrar discordias y a dividir a los costarricenses. ¿A quién se asemeja más la descripción implacable que hacía don Juanito de los filibusteros?

Mal disfraz es la retórica hueca para esconder su obsceno planteamiento: exigir más sacrificios a la ciudadanía, para seguir él y su séquito en la misma parranda. Con sus actitudes nos demuestran que, aunque hace ya bastante que salieron de la adolescencia, la adolescencia no ha salido de ellos.

¿Cuándo va a poner sobre la mesa una seria reforma del Estado? ¿Cuándo va a dejar de despilfarrar recursos en "capacitaciones" donde le ordenan a los funcionarios públicos alinearse con las exigencias ideológicas de los favoritos del Gobierno? ¿Cuándo va a dejar de valerse del sistema educativo para adoctrinar a los menores a satisfacer sus caprichos? ¿Cuándo va a comprender que, en una República, el fin del Estado es el bienestar general, y no el Estado mismo? ¿Cuántas veces habrá que explicarle que la Constitución existe para proteger a la ciudadanía frente al poder, y no para proteger al poder contra la ciudadanía? ¿Cuándo va a pensar en aliviar la carga tributaria para que la economía se reactive y mejore así la recaudación, en lugar de empujar a la gente hacia la informalidad, el desempleo o la evasión? ¿Cuándo va a poner en el tapete la fusión o el cierre de instituciones innecesarias, y la implementación de herramientas tecnológicas para la educación y la administración pública?

La fatiga de los costarricenses llega a un límite. Millares de ciudadanos de todos los niveles comparten el cansancio de ver a un Gobierno narcisista, que se cree intelectualmente autosuficiente, pero que nunca logra demostrarlo porque de él sólo salen ocurrencias, improvisaciones y planteamientos sobre cómo desplumar más y más a la gente. Propuestas y propuestas han venido de todas partes, pero en Zapote sólo se escuchan a sí mismos.

Nuestra historia recuerda el fusilamiento de Mora y Cañas como el episodio más vergonzoso y detestable de Costa Rica. ¿Será acaso menos detestable valerse de su recuerdo para cumplir en cambio el sueño de los filibusteros, o el de los traidores locales que derrocaron y asesinaron al Libertador?

Robert F. Beers

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