Oct. 1, 2019

Elecciones Municipales 2020: el arranque

Con los "corredores" en la línea de salida, el Tribunal Supremo de Elecciones se aprestaba este 2 de octubre a dar el banderazo formal para el inicio de la competencia. Queda emitida la convocatoria a la ciudadanía para presentarse a las urnas electorales exactamente dentro de 3 meses, y designar mediante el sufragio a sus Gobiernos locales para los próximos cuatro años.

Hemos celebrado elecciones de este tipo desde 2002, y tradicionalmente la tónica ha sido la indiferencia de los votantes. Inicialmente, el abstencionismo rondaba siempre el 75%; pero en 2016 (al trasladarse a medio periodo y añadirse los regidores a la disputa), se redujo a un 64%. Dicho de otra manera, los datos registrados hasta el momento permiten dividir a la ciudadanía en tres partes casi iguales: un tercio que sólo vota en elecciones nacionales pero no en las locales, otro tercio que no vota nunca, y el restante tercio que vota siempre. Ha sido una fracción de este último tercio el que termina poniendo a los Alcaldes y a los munícipes, de modo que las elecciones locales nunca han sido un buen "termómetro" para anticipar los grandes fenómenos políticos a nivel nacional.

Hay buenas razones, sin embargo, para esperar que este proceso electoral vaya a resultar muy distinto. El ambiente político luce sumamente caldeado: hay una molestia latente e intensa en una gran porción del electorado, frente a un oficialismo altamente impopular, prematuramente desgastado, percibido como manipulador y con pronunciadas inclinaciones elitistas. También hay temas "transversales" capaces de movilizar a sectores que normalmente se mantendrían al margen; y abundan los actores y movimientos políticos de nuevo cuño, esperanzados en aprovechar este proceso como "vitrina" con miras al futuro. Y por si fuera poco, los partidos históricos, otrora capaces de ganar y mantener el control de las Alcaldías y Concejos a fuerza de "pura estructura", lucen especialmente débiles y vulnerables en vastas zonas del país.

¿En qué condiciones llegan a este torneo las principales agrupaciones políticas? Lo veremos enseguida:

Liberación Nacional: podría pensarse que el partido más antiguo del país arranca en la mejor posición. Después de todo, su estructura aún le alcanzó en 2016 para obtener el control de la mayor parte de las Alcaldías y Concejos, y además es el único partido con papeleta en todos los 82 cantones. Pero esa aparente fortaleza oculta una crítica debilidad crónica arrastrada de procesos recientes. El PLN viene decayendo desde hace tiempo, aunque durante el periodo 2006-2014 frenó transitoriamente tal proceso, sólo para reanudarlo con más precipitación desde entonces. La elección municipal del 2016 también representó, por primera vez, un retroceso significativo respecto a lo obtenido en las dos anteriores. Con profundas divisiones internas, en plena crisis de identidad, y perjudicado por la dócil e incómoda cercanía de figuras suyas (particularmente Carlos Ricardo Benavides y el clan Figueres) al actual Gobierno PAC, no luce tan sólido como en otro momento. En varios casos (San José, Cartago y San Carlos son tres ejemplos) ha debido apoyarse en la imagen personal de un Alcalde en ejercicio durante largo tiempo, pero acaso eso acabe por ser arma de doble filo, si se considera el desgaste de tales personajes y el reflejo de una escasez de líderes novedosos. Por añadidura, al ser el dueño de la mayor cantidad de municipios, sin duda será visto como "el rival a vencer". Es de esperar que consiga todavía un número significativo de triunfos (unas 30 Alcaldías parecen un pronóstico realista), pero indudablemente perderá terreno, y acaso pueda recibir alguna derrota sensible en feudos tradicionalmente suyos.

Nueva República: después de hablar del partido más antiguo, debemos hablar del más nuevo. No hay duda que la gran fortaleza de la agrupación es el carisma y el capital político de su fundador Fabricio Alvarado, quien aglomeró en pocas semanas un caudal de casi 540 mil votos en la primera ronda presidencial de 2018 y más de 850 mil en la segunda. A pesar de la cotidiana golpiza de los medios de prensa "alineados" con el Gobierno, Alvarado parece mantener una percepción positiva (datos de Índice y CID-Gallup), y aquel caudal luce más bien consolidado y afianzado por tanto ataque. El desempeño de sus diputados afines en el Congreso ha tendido también a solidificar a su público sin encasillarse en el estereotipo del "partido confesional". Su agrupación ha dado ya dos golpes de autoridad sin iniciar aún la campaña: constituir todas sus estructuras en apenas 52 días (cuando todos los observadores apostaban a que no lograrían armarlas a tiempo para las elecciones municipales) y luego presentar candidaturas en 76 cantones. Aún no luce competitivo en los principales centros urbanos (Alajuela podría ser la excepción, aunque hay potencial para otras sorpresas), pero ha logrado estructurar una importante penetración territorial: su baluarte son las costas y los cantones rurales, donde podría considerarse entre los favoritos. El solo hecho de participar en tantos municipios ya es en sí una victoria para Nueva República (en especial por el buen perfil de muchos de sus candidatos), y al ser un partido nuevo "cualquier resultado es ganancia"; pero obtener regidores en todos los cantones es una meta realista, y el partido luce lo bastante fuerte para hacerse también con algunas Alcaldías en provincias como Puntarenas y Alajuela, y probablemente Guanacaste y Limón (la que más porcentaje de votos le dio en 2018). ¿Cuántas? Es difícil de estimar, pero no sería improbable verlos compitiendo seriamente en una decena de cantones al menos.

Unidad Social Cristiana: aunque su dinámica interna es más hermética que la del PLN, el PUSC sufre de una crisis de identidad muy similar: figuras como Rodolfo Piza y Rodolfo Méndez se alinearon con el Gobierno PAC y compartieron, especialmente el primero, el mayor desgaste político, en tanto que su fracción ha procurado más bien una ambigua cercanía con Nueva República, especialmente durante el periodo de María Inés Solís como jefa de fracción. Esta crisis de identidad se refleja en su conducta hacia las elecciones municipales, para las que presenta papeleta en más de 75 cantones, pero a menudo se ha metido en las "coaliciones" del PAC. La debacle a nivel nacional del periodo 2006-2010 parece haber quedado atrás, pero en 2018 el partido posiblemente alcanzó su "techo". Su dinámica en las elecciones municipales durante esa misma época ha sido un poco más decorosa (de nuevo a punta de "estructuras", a similitud del PLN), pero ya se ha visto que la anunciada "resurrección" no ocurrió ni ocurrirá por ganar 15 Alcaldías.

Acción Ciudadana: nunca ha sido brillante en elecciones locales. Su penetración estructural es paupérrima, y depende excesivamente de manipular emociones para movilizar votantes, lo que los perjudica en el ámbito municipal. Aunque con su votación residual logra presencia en los Concejos, sigue sin sobrepasar la barrera de las 7 Alcaldías. Para empeorar su situación, su "marca" está irremediablemente asociada a dos gobiernos consecutivos particularmente detestados. El actual, sobre todo, ha dado muestras de mucho desdén hacia las comunidades del país, y en general a todo lo que no pertenezca a su público de "progres" urbanos de alto poder adquisitivo y (según indican los datos del CIEP-UCR) poco interesados en conseguir trabajo. Todo esto genera un curioso consenso aparente entre buena parte de los electores: "cualquiera menos el PAC". Para colmo, el mismo PAC ha dado desde ya señales de temprana desesperación: no sólo el llamado de su líder de Juventud a traer votantes de otros cantones para lograr pelear algunos puestos donde haya papeletas "progres" (lo que equivaldría en un sentido a traer votantes de Nicaragua y Panamá para intentar poner al Gobierno de Costa Rica), sino al afán de disfrazarse en muchos cantones para no participar como PAC, sino bajo otros nombres y banderas (ej. "Coalición Chepe"). En las redes sociales abundan las páginas dedicadas a denunciar y desenmascarar a los seguidores del PAC enquistados en papeletas "camufladas".

Otros partidos nacionales: muchos de estas agrupaciones sólo aspiran a funcionar como "franquicias", para pellizcar un puesto aquí y allá, y quizá pavonearse de haber obtenido un número anormal de Alcaldías. El servicio de "taxi político" le dio buen resultado en el corto plazo al Partido Nueva Generación en 2016, y es posible que la agrupación de Sergio Mena busque emular la hazaña. No es tal halagueño el pronóstico de Unidos Podemos, el partido fundado por Natalia Díaz, pues en su afán de obtener presencia territorial, acabó creando la imagen de ser el disfraz más frecuente para seguidores del PAC a los avergüenza aspirar en su propio partido. El Frente Amplio, por su parte, continúa pareciéndose a su hermano mayor el PAC en cuanto a su exigua presencia territorial, salvo en cantones como Montes de Oca... pero al haberse separado allí de su eterno aliado en ese significativo cantón, se exponen a una derrota frente a un aspirante sólido, como parece ser Domingo Argüello bajo la bandera del Republicano Social Cristiano (otro partido que, si bien apela al votante conservador, no termina de definir su identidad). Finalmente, hay que mencionar a Restauración Nacional, que cuenta para esta campaña con inusuales recursos económicos... y muy poco más. Su gris paso por el Congreso, hostigando mucho a su antiguo candidato presidencial y facilitando en cambio al PAC los puntos clave de su agenda (que había prometido enérgicamente bloquear), ha ido alienando sin remedio a su principal base electoral. Queda la impresión de que, con algunas posibles excepciones, las simpatías que retiene se deben a que alguna gente no se ha enterado de que el partido de Fabricio Alvarado es Nueva República.

Vale la pena mencionar, en última instancia, que ni el PIN ni Juan Diego Castro (divorciados inmediatamente después de la primera ronda en 2018) se vislumbran con alguna influencia en las venideras elecciones municipales.

Partidos cantonales: en otro tiempo, era casi seguro que a las agrupaciones cantonales se les diera "el beneficio de la duda". Les era fácil venderse como grupos de ciudadanos honestos, preocupados por su comunidad, y sin vínculos con los partidos nacionales (tradicionales) a los que era fácil meter en un retórico saco de "corrupción". Pero esa benevolencia se terminó. La desconfianza de los electores hacia partidos que, con lamentable frecuencia, terminaban siendo "turecas", o incluso llevando inadvertidamente miembros de los odiados partidos tradicionales a puestos que de otra forma no habrían conseguido, ha ido minando su credibilidad. Y tampoco la han favorecido la tendencia del PAC a "infiltrar" a sus miembros en estas papeletas, a armar con ellos "coaliciones-disfraz", o incluso a utilizarlos como plataforma para levantar a figuras políticas (caso de Edgar Mora en Curridabat). En este enrarecido ambiente, el éxito de agrupaciones otrora hegemónicas o competitivas (Yunta Progresista Escazuceña, Curridabat Siglo XXI, entre otras) parece ahora menos probable.

La carrera está apenas por iniciarse, y podrían ocurrir en ella muchas sorpresas. Quizás este análisis resulte útil, como también es posible que las circunstancias den un giro inesperado que lo deje en nada. Pero el objetivo no es acertar, sino invitar a cada ciudadano a explorar su entorno, su realidad y a decidir qué quiere para su Gobierno Local... y para su país.

Robert F. Beers

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