Dec. 14, 2017

Hacia el 2018: las bases llenas y el rancho ardiendo

Para describir nuestra caótica campaña política (que en pocas horas entrará en una misericordiosa pausa) se han utilizado diversas metáforas deportivas: la carrera de caballos, el fútbol, el ciclismo, el boxeo... Dudo mucho, sin embargo, que alguien haya pensado en compararla con un particular deporte: el beisbol.

Podría ser simplemente una afición muy personal (hace algunos años participé en la restauración de las transmisiones de la Serie Mundial por televisión nacional), pero creo que este deporte es el que se asimila más a la carrera electoral que hoy afrontamos. No sólo suelen resultar las cosas muy diferentes de lo calculado, sino que la menor situación cambia todo el panorama con pasmosa rapidez.

El partido está muy complicado: perdiendo por varias carreras en la última entrada; y ahora, con las bases llenas. La afición está enojada, angustiadaconfundida; el desempeño de la línea ofensiva ha sido paupérrimo, y casi nadie cree que los corredores que ahora ven en las bases sean los mejores para semejante situación.

En tercera base se encuentra Juan Diego Castro (PIN). La verdad es que nadie se explica qué está haciendo allí. Aunque todos reconocen que es un legítimo bateador, no es un corredor brillante y es desastroso en defensa, de modo que debió haber sido un out fácil. Pero se embasó gracias a los errores de sus adversarios, y alcanzó la antesala robándose una base (la base figuerista del PLN). Ahora, en esa posición, es fácil imaginar que con cualquier jugada podría anotar... pero gracias a su desmedida afición por causar pelea, podría acabar expulsado del juego sin conseguir la ansiada carrera. Además... con esta carrera no se gana el partido.

El inquilino de la segunda almohadilla es el veteranísimo Antonio Álvarez Desanti (PLN). Bateador de perfil muy derecho, al iniciar la temporada se le promovía como "la estrella del equipo", con todo y contratos millonarios. Sin embargo, a través de su extensa trayectoria siempre ha andado por debajo de sus propias expectativas, y ahora no es la excepción. Ni siquiera teniendo conteo favorable consiguió un contacto sólido; la afición le rechifla en vez de aplaudirle (algo que lo mortifica visiblemente), y a pesar de sus promesas, casi nadie lo cree la persona ideal para limpiar las bases.

En la primera base aparece Rodolfo Hernández (el "Doctorcito", PRSC). Es un bateador ambidextro, pero esto más bien confunde a la afición, pues ya se ha visto que en cualquier momento se cambia de lado o hasta deja botado el partido. Como corredor ha demostrado una desesperante lentitud, y su coach de bateo no tiene la mejor reputación. Sin embargo, llegó a la inicial mediante una base por bolas, luego de que se ponchara Rodolfo Piza (PUSC).

Piza tuvo la gran oportunidad de convertirse en el héroe; pero bastaron tres lanzamientos para desarmarlo. Le hicieron daño las bolas rápidas del Cementazo, y no demostró capacidad de reacción ni logró realizar ajustes, probablemente porque iban muy pegadas al cuerpo. Al final se quedó con el bate al hombro y no realizó siquiera un swing. Primer out.

En la caja de bateo se encuentra Carlos Alvarado (PAC), un novato que batea a la zurda, aunque no jala tanto la pelota como su suplente Edgardo Araya (FA). Claro está, mucha afición habría preferido tener en este momento a un jonronero de antaño como Ottón Solís, pero nadie logró persuadirlo de que saliese del retiro, ni siquiera para entrar de emergente. Y el novato, apenas unas semanas después de mofarse públicamente de Solís, tuvo que incluirlo en su cuerpo técnico para ver si subía el nivel. ¡Pero nada! Carlos se encuentra ya "en el hoyo": lleva dos strikes y no tiene bolas.

En el círculo de espera: Fabricio Alvarado (PRN). Hasta hace pocos días, y a pesar de mostrar buenos números, había una gran resistencia a incluirlo en la alineación. Sin embargo, un vasto sector de la afición se hizo sentir hace dos fines de semana, y esta circunstancia indudablemente le levantó el perfil, al punto de que incluso la prensa más hostil empezó a brindarle espacio. Está todavía terminando su calentamiento, pero luce ágil y sobrio, y la potencia de su swing al lado derecho mantiene intrigados a muchos aficionados, que lo vislumbran capaz de impulsar carreras o incluso volcar el juego. Claro está, también son muy nutridos los abucheos de otro grupo de coloridos fanáticos, pero estos van bajando de volumen, más preocupados de que su bateador favorito vaya a terminar en otro triste ponche, y ponga a Fabricio en el plato.

¿Y el resto de los jugadores? En banca... salvo uno: Otto Guevara (ML). El más veterano del cuadro se ponchó ridículamente hace varias entradas, pero se niega obstinadamente a dejar el campo de juego. La afición lo abuchea por unanimidad, y la Seguridad ya le vació el camerino por orden del umpire, antes de invitarlo a abandonar el recinto.

En todo caso, va a ser sumamente difícil que estos otros se acerquen siquiera a la caja de bateo, pues llegará primero el último out... o se anotará la carrera del triunfo.

Robert F. Beers

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